De Atapuerca al átomo (2)
Alfonso Coya. La Felguera
El sábado 17 de marzo se nos presenta con una temperatura bastante baja. Cuando abandonamos el hotel rumbo a los yacimientos de Atapuerca, el termómetro marca 8 ºC. El día es gris y frío y nos espera una jornada bastante intensa.
Nos dirigimos a Ibeas de Juarros, a unos 20 km de Burgos, donde se encuentra el Aula Arqueológica «Emiliano Aguirre», lugar de recepción para las visitas guiadas a los yacimientos de la Sierra de Atapuerca. Una vez allí se incorpora a nuestro grupo una guía que nos acompañará durante el recorrido. Después de un breve trecho en el autocar llegamos a los yacimientos.
Paramos justo delante de la Trinchera del Ferrocarril. El sistema de rejas metálicas que protegen los yacimientos da una visión extraña, semejante a una cárcel. Acompañados de la guía hicimos un breve recorrido por los alrededores, leyendo con atención los murales que nos ayudaban a situarnos en el entorno. A continuación bajamos por una escalera metálica, bastante incómoda, y nos introdujimos en la trinchera. Con las explicaciones de la guía fuimos completando la sesión. Fue toda una clase de antropología in situ, con mucho frío pero seguida con gran in
terés. Teníamos ante nuestros ojos un corte del terreno que nos mostraba en sus distintos niveles, millones de años de evolución biológica y geológica. Esos esquemas que tantas veces vemos en clase en forma de fotografías, dibujos, gráficos, etc., ahora se desplegaban ante nosotros en su cruda realidad, salteados con las marcas que los excavadores van dejando para señalar los hallazgos de los fósiles encontrados.
Finalizada la sesión tomamos de nuevo el autocar y pusimos rumbo a nuestra próxima visita: El Monasterio de Yuso.Construido en el año 1053 por orden del rey García Sánchez III de Navarra, la historia de su fundación va unida a una leyenda basada en un milagro de san Millán
Llegamos al monasterio a las 13 h y rápidamente comenzamos la visita. Hicimos un breve recorrido por el recinto, haciendo una parada especial en las salas donde se encuentran las glosas, primeras pruebas escritas de las lenguas castellana y vasca. También visitamos el coro que tiene una abertura u “ojo” por el que se puede ver la luz equinoccial; recorrimos la sacristía, la sala de exposiciones, donde hay varias arcas relicario con los restos de personajes notables (San Millán entre ellos); por último vimos la colección de libros cantorales cuyo tamaño y peso dejó boquiabierto al personal.
Sobre las 14 horas finalizó la sesión matinal; como estábamos cansados y en ese momento había una temperatura agradable, en el patio del Monasterio hicimos una frugal comida. Había que reponer fuerzas pues la jornada aún no había acabado.
A las 18 horas llegamos a nuestra siguiente meta: Santo Domingo de Silos.Entramos en el Monasterio y comenzamos la visita por el claustro. Allí nos dieron la noticia de que en nuestro recorrido íbamos a ser acompañados por un monje de La Felguera. Después de presentarnos nos guió por el Monasterio, describiendo las diversas zonas por la que pasábamos con un lenguaje didáctico, que transmitía a la vez su fervor religioso. Recorrimos el claustro, la botica, el museo y la sala de exposiciones, que en ese momento presentaba una exposición muy or
iginal y moderna, en fuerte contraste con el espacio físico que ocupaba.
Finalizada la visita al Monasterio, a las 19 horas nos fuimos a escuchar una sesión de canto gregoriano. Participar en una audición de este tipo produce una sensación especial. Cada uno lo verá desde su óptica personal, sumando los creyentes al goce artístico el complemento que aporta el sentimiento religioso, la fe cristiana. En todo caso, una auténtica maravilla.
Y de Santo Domingo de Silos nos fuimos para Burgos. Era nuestra última noche en la ciudad y había que aprovecharla.